EN EL PORTAL DE BELÉN

Hemos celebrado la Fiesta de la Navidad, el nacimiento del Niño Jesús hecho ocurrido hace ya 2010 años. La sociedad en la que nos encontramos ahora, nada tiene que ver, con la del Portal de Belén. Una sociedad aquella, caracterizada por la pobreza y la humildad. El alumbramiento tuvo lugar en el refugio de un establo, tras no encontrar posada y fueron los humildes vecinos y pastores con los que su generosidad, arroparon al Niño nacido.

El contraste de aquel tiempo torna con el actual. La celebración de esa efeméride en los hogares es refrendada con cenas en muchas ocasiones copiosas y con buenas carnes y mariscos y bañadas por buenos vinos. Y es que indiscutiblemente los tiempos han marcados los derroteros de la sociedad capitalista en la que vivimos, que sin duda, marca en buena parte el sentido de nuestras vidas.

El que haya escrito este artículo, es que el día de Navidad aproveche la ocasión para leer diferentes artículos de opinión que aparecían en un revistas de información cofrade y los cuáles versaban sobre este mismo tema que estoy tratando, la pobreza del Portal de Belén y nuestros días. Pero creo que hay un mal en esta sociedad actual y que en buena parte tienen que ver con los valores. Ese mal es la: hipocresía. No se puede pregonar sobre lo mal cristiano que es una persona, por que en la Cena de Nochebuena, se ponga un marisco de más. O sobre la tradición de regalarse en Navidad, que en cualquier caso, ya es una tradición de cuarenta o cincuenta años en nuestro país.

¿Es que quizás esas personas, que predican tan buena Cristiandad, no se permiten un exceso en las cenas navideñas? ¿No se hacen regalos, pagando con tarjetas de créditos? ¿No se hacen regalos coincidiendo con Papa Noel?

Creo que como todo en esta vida, se tiene que ir adaptando a los tiempos y entre ellos los valores que predica la Iglesia. Y desde luego, el hecho de que en la actualidad no exista la pobreza de aquel Portal, es algo de lo cuál nos deberíamos alegrar, porque eso significa que esta sociedad ha prosperado. Y desde aquí no es que defienda que tengamos que hacer una ostentación de poder y derrochar sistemáticamente dinero, joyas o mariscos de la más alta calidad, pero lo que no se puede defender que seamos como aquel entonces. Porque estas personas que defienden esto, ¿se han mirado si en sus mesas de Navidad, tenían sólo pan y aceite y a sus niños no recibian regalo?

Miren a su alrededor y reflexionen sobre lo que en estas líneas he escrito y observen si existen personas que predican lo que no son.

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