Cuento de Navidad (I)

Aquella jirafa de peluche, de largo cuello, paticorta pero ojos saltones, que se encontraba tras aquel escaparate, dejo a la pequeña María con la vista fija, ni parpadeaba. María apenas tenía cuatro años e iba cogida de las manos de su padre y de su madre, muy abrigada con su gorro de lana rosa, regalo de su abuela que se lo había tejido en el último mes. Y su abrigo también rosa, con sus leotardos blancos y su jersey color pastel.

- ¡María! - insistían sus padres, mientras ella seguía con la mirada perdida en aquella jirafa. Finalmente, accedió a seguir caminado, pero sin perder la vista de aquella jirafa, mientras le alcanzo su campo de visión. Ya iban de vuelta para coger el coche tras una intensa tarde de compras. Su lento caminar, ponía nervioso a sus padres que apenas avanzaban tres o cuatro pasos y de nuevo la pequeña María, se volvía a detener en aquella banda de jóvenes músicos que interpretaban villancicos navideños. Ante la insistencia de María, su padre descargaba las bolsas que llevaba, para que las cogiese de forma momentánea Adela, la madre de María y este aupar a la pequeña para que viese mejor aquellos jóvenes interpretar Blanca Navidad.

Era Nochebuena, los últimos rayos de sol de aquellos primeros días del invierno se fueron ya hacía unas horas, y los viandantes ultimaban con rapidez aquellas compras de última hora. Mientras que María pese algún leve sollozo tras dejar de ver aquellos jóvenes que tanta gracia le hacían, encontro un nuevo motivo para detenerse. Era aquel hombre mayor, con un gorro de Papa Noel que asaba las castañas. Ante esta nueva detención su padre decidio cogerla de nuevo, para aligerar el ritmo. Aquello no le convencio a María, pero la regañina de su madre diciéndole que tenía que ser buena, porque sino Papa Noel, no se acordaría de ella y la dejaría sin regalo navideño, acabo por convencerla.

Tras el hombro de su padre, María seguían fijando su vista en el brillo de aquellas luces navideñas, también en aquel Papa Noel que salía de la galería comercial repartiendo globos a los más pequeños. Cuando María vio aquello, empezo de nuevo hacer aspavientos, pero para entonces ya había acabado con la paciencia de sus padres. - No María que llegamos tarde a casa – aquello no convencio a María que empezo a llorar con mayor insistencia. Pero parecía su día de suerte, porque aunque aquel Papa Noel se le había desaparecido de su vista, al girar la esquina que le llevaba ya sus padres hasta el parking, un hombre más gordo que aquel que había visto en la puerta de aquella galería comercial, con enorme barba blanca, se detuvo al verla llorando: - No llores María, cuando llegue a casa mira debajo de tu cama, ¡ya te deje el regalo! – Aquello dejo a María pasmada, con cara de autentica sorpresa e hizo que dejase de llorar, para que se le dibujase una sonrisa. Pero aún más sorpresa al ver como aquel hombre se despedía de ella, cuando se montaba en aquel enorme trineo, tirado por decenas de renos.

- ¡Estate quieta María! – Exclamo su padre, ante aquel adiós que hacia con las manos con tanta insistencia. La puso de nuevo en el suelo y le dio la mano a su madre que le pregunto el porque de aquella enorme sonrisa que tenía, tras venir hace un momento llorando. La explicación que le dio María a su madre, hizo que está también le provocase una sonrisa. Inquieta se monto en el coche, nerviosa por aquello que le había dicho Papa Noel. Los padres insistían en que se portase bien para que le dejase regalo de navidad, mientras ella aseguraba que le había dicho Papa Noel que su regalo ya estaba en casa. El trayecto se le hizo largo pensando cuál podría ser el regalo que se encontrase en casa.

Nada más llegar a casa, ni el árbol navideño, ni tan siquiera el Belén le presto la más minima atención. Su deseo era llegar cuánto antes a su dormitorio. Al llegar allí, encendio rápidamente la luz, para mirar debajo de su cama. Tras ponerse de cuquillas y mirar, su mirada de admiración, radiaba una enorme felicidad al ver aquella jirafa de peluche, de largo cuello, paticorta pero ojos saltones, era la misma que vio en el escaparate cuando ya volvían de hacer aquellas compras y que tanto le gustaba a ella.

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