Echamos la vista atrás

En esta serie de artículos que estamos publicando con motivo de la Cuaresma, en el día de hoy queremos echar un poco la vista atrás y queremos recordar un poco lo que era nuestra Semana Santa en la década de los años noventa. Y es que desde entonces hasta hoy, muchas cosas han cambiado...

En primer lugar queremos rendir un pequeño tributo a la Agrupación Musical Virgen de Belén, aquella banda que acompaño durante esta década a la mayoría de nuestras imágenes. Mis recuerdos siempre me llevan a cada domingo de Ramos, verlos acompañando a las imágenes del Dulce Nombre y Sagrada Entrada de Jesús en Jerusalén. Y en particular había un instrumento con el que me quedaba embelesado: el xilófono tan característico de esta agrupación.

Mis primeros recuerdos de nazareno siempre me llevaran también a corporación del domingo de Ramos. Así mi primer acompañamiento fue con palma delante del paso de la Borriquita. Esa túnica blanca con capillo rojos también servía para muchos nazarenos, para poder acompañar a Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna, de la Carmelita hermandad de los cantillos del Carmen. Por aquellos años Jesús caminaba a las ordenes de un capataz, que quedo también para el recuerdo de muchos ursaonenses: Rafael Quiros.

Ese paso era muy distinto al que hoy conocemos, ya que Jesús atado a la columna iba sólo, sin el acompañamiento de los dos romanos que hoy en día le acompañan. Además eran cuatros faroles los que escoltaban cada una de sus esquinas, y actualmente son candelabros de guardabrisas. Recuerdo esta hermandad por su antiguo recorrido, cuando enfilaba calles San Pedro, Carrera, Plaza Mayor y Sevilla. Iba tras los pasos de la hermandad de Jesús Caído, que también cambiaría su recorrido en los inicios de la década de los dos mil.

Y quizás otro de los aspectos más significativos de esta Semana Santa de los noventa, es que acababa en la tarde del viernes Santo. Por aquellos entonces, Quinta Angustia también llevaba los sones de Virgen de Belén. Sería a partir de 1993, cuando acertadamente esta hermandad, cambio su recorrido y su acompañamiento musical. Pero para muchos ursaonenses esta Semana Santa se nos quedaba corta. Ya por aquellos año ya se estaban dando los primeros pasos para la refundación de la Hermandad del Santo Entierro.

Recuerdo ya en mi etapa de adolescencia el primer desfile procesional de esta hermandad y la ilusión con la que acudí aquella primera salida, junto con mi hermana a las puertas de Santo Domingo. No había tantas gentes como yo esperaba, quizás por el horario tan intempestivo de las siete de la tarde. Aquellos nazarenos de capillo blanco y túnica burdeos que acompañaban al paso de la urna, portado sobre ruedas, hacían historia de nuestra Semana Santa.


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