La Ilusión de un Niño

Cada domingo de ramos, hay un poco de nostalgia en el cuerpo. Nos acordamos, o al menos el que les escribe, del domingo de ramos de nuestra infancia. Mis recuerdos, me llevan siempre a un domingo soleado en las Puertas de Santo Domingo, estrenando ropa nueva y esperando con impaciencia la salida del Niño Perdido. Me vienen los sones de la agrupación Virgen de Belén y el característico sonido de su xilófono (instrumento que me llamaba poderosamente la atención)

Tampoco olvido mi primera estación de penitencia con la túnica blanca y el capillo rojo. Toda la noche sin poder dormir, pensando que al día siguiente voy a acompañar a Jesús con una palma en mis manos. Y finalmente, llego ese momento de caminar hasta la Iglesia con mi túnica y luego por las calles de mi pueblo bajo la atenta mirada de mis padres y abuelos. Recuerdo que mi cara de ilusión no la perdí en ningún momento.

Por eso esta tarde me ponía en la piel de estos jóvenes nazarenos que guiados por los sabios consejos de sus padres, se aglutinaban en la Iglesia de Santo Domingo, para acompañar a sus tres Sagrados Titulares. Que nervios deberían estar pasando y que nervios deberían haber pasado durante todo el día con la incertidumbre de si podrían hacer estación de penitencia o no, por la presencia de la lluvia.

Pero finalmente la tarde, aunque con un cielo gris plomizo, permitio que estos pequeños nazarenos entraran simbolicamente en Jerusalén y vieran cumplida su ilusión. Además sin saberlo, para muchos ellos, esta estación de penitencia será el punto de partida, de lo que será seguramente un largo viaje por el mundo de las hermandades. Serán el germen de una nueva generación de jóvenes cofrades, que contribuirán a conservar nuestro patrimonio y que harán aún mas grande nuestra Semana Santa. Hoy, ellos pusieron su primera semilla.

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